Fuiste Mia, Fui Tuyo.

Era una noche fría, estaba helando afuera y yo mientras tanto te esperaba con la calefacción prendida y mi abrigo abotonado hasta el ultimo botón dentro de mi auto. Había quedado en recogerte a una esquina de tu casa para que nadie te viera, saliste a escondidas esperando que nadie notara tu ausencia. Tenias un poco de miedo, te sentías insegura, era comprensible, salir de tu casa sin avisar a nadie en medio de una noche fría para irte conmigo era algo nuevo, algo arriesgado pero a la vez emocionante y atrevido.

Había llegado al medio día a la ciudad, me registre en el hotel y comí algo rápido , casi llegando la noche quede con buen amigo en un bar a tomar un par de copas y pasar el rato antes de ir recogerte,  estaba ansioso, revisaba mi teléfono cada 5 segundos, era tan obvia mi desesperación que mi amigo lo noto. Por fin me llego tu mensaje, sonreí al ver el teléfono, me despedí de el, que no entendía por que me iba tan apurado, no sabia que mi amor me esperaba.

Subiste corriendo al auto, un beso rápido y salimos de la zona donde vivías, en un semáforo te bese como lo había estado esperando todo el día, ese beso tuyo mágico que me tenia enganchado a ti.

Llegamos a la habitación y platicamos de la experiencia de tu escape, te veías hermosa, tu rostro iluminado por la emoción y una sonrisa inmensa. Me enamore aun mas de ti, como si eso fuera posible.

Esa noche fue inolvidable, te recuerdo a media noche abrazada a mi, con tu cabeza en mi pecho, mientras yo acariciaba tu cabello, tus piernas entrelazadas con las mías, tu calor en mi cuerpo, tu olor inundando la habitación, te hablaba de mi, me hablabas de ti, no dormí mas de 2 horas esa noche, el resto fue nuestro, tu y mío. Hablamos, reímos, lloramos, gritamos de placer, disfrutamos el uno del otro, que mas se puede pedir a la vida que un momento así con la persona que amas?

Tus ojos, tu boca, tu abdomen, tus piernas, tu cuello, esos hoyitos que se forman al terminar tu espalda, bese todo tu cuerpo, fuiste mía y yo tuyo, por una noche al menos éramos solo tu y yo, un universo nuestro donde solo habitábamos nosotros. Sin prisas, sin pausas, sin el, sin ella, sin ellos, sin nadie, solos tu y yo en el vacío de nuestra intimidad.

Mientras tanto afuera en la ciudad caía una gran nevada, como pocas en mucho tiempo, era una noche perfecta.  Adentro provocábamos un fuego que nos consumía y afuera nevaba cubriendo todo de blanco, separados del resto pero unidos por nuestros cuerpos y nuestro amor éramos tu y yo en un universo propio.

El sol empezó a salir y debías regresar temprano a casa, no hubo tiempo de para uno de nuestros desayunos juntos, no pude prepárate unos hotcakes como te gustaban, esos debíamos dejarlos para otra ocasión. Salimos a toda prisa y te deje en la esquina justo donde había recogido la noche anterior, me diste uno de tus mágicos besos y saliste del auto para perderte entre la nieve que caía.

Hasta hoy en cada nevada, nos recuerdo así, abrazados, entrelazados con tu cabeza en mi pecho y yo jugando con tu hermoso cabello, riéndonos, siendo felices.

Julio Cesar


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